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Ciclo de Vida Familiar

 

Uno de los factores que le permiten al orientador incrementar su capacidad de empatía en la ayuda a los miembros de una pareja o inclusive en la ayuda individual, cuando se tiene el enfoque sistémico, es la comprensión de los efectos de la interacción familiar desde distintos puntos de vista. A continuación se describen tres aspectos estudiados por varios autores y que nos dan un panorama del desarrollo y propósitos de la familia desde el punto de vista de algunos terapeutas familiares; la familia como sistema, el ciclo de vida familiar y las funciones de la familia.

 

Estos conceptos son tomados de escritos de algunos representantes de las propias escuelas terapéuticas y serán comentados en la aplicación de nuestro modelo, mientras que en esta sección se presentas desde su punto de vista como informativo aunque no haya acuerdo con el modelo propuesto en este trabajo.

 

 

La Familia como Sistema.

 

El matrimonio y la familia es una institución que con sus características especiales y únicas, proporcionan al grupo de interacción más importante para sus miembros, y en la cual encontrarán usualmente los afectos positivos y negativos más fuertes y las fuentes de interacción emocional y desarrollo más importantes. Sus características como las de cualquier sistema complejo, son distintas a la suma de sus elementos. Conociendo las características de sus miembros no es lo mismo que conocer a la familia o pareja como entidad. Esta tiene una historia y funciones propias que difieren de la de sus miembros.
(Glick y Kessler 1980)

 

Es un sistema abierto en el cual hay continua interacción entre sus miembros así como de sus miembros con el exterior y los límites son únicamente definidos arbitrariamente para análisis, pero en la realidad son sumamente variados y únicos para cada familia como lo son para los individuos.

 

De la teoría general de sistemas sabemos que cualquier sistema complejo vivo, está caracterizado por dos funciones opuestas y en apariencias contradictorias, la tendencia homeostática por una parte y la capacidad de transformación por otra. La interacción de estas funciones mantiene al sistema en un equilibrio provisional cuya inestabilidad garantiza la evolución y creatividad. (Pallazzoli y otros 1980) Esta conceptualización difiere del antiguo concepto puramente homeostático de los sistemas familiares que era comparados con modelos cibernéticos y será más ampliamente descrito en el capítulo siguiente.

 

 

El Ciclo de la Vida Familiar

 

Los ciclos del desarrollo individual, así como las etapas típicas por las que pasan las familias con las expectativas y problemáticas que en cada una ocurren, se estudiaron (McGoldvick y Carter 1980), en gran detalle de cada una de estas etapas, y a continuación mencionaremos algunos de los puntos sobresalientes.

 

Hay que notar, que el proceso de cambio de etapa no es un proceso continuo como se pensaba, y en estudios más recientes (Hoffman 1981), se considera como un proceso discontinuo en el que se requiere una cantidad de energía para pasar de una etapa a otra. Cuando las familias no pueden lograr estas transiciones por un ajuste a las nuevas circunstancias pasado en su energía de desarrollo, es posible que se requiera una crisis para permitir esta transición. Estas crisis pueden tomar cualquier forma desde pleitos entre las parejas o intergeneracionales, hasta la aparición de síntomas en cualesquiera de los miembros. Esta energía tiene dos tendencias opuestas, una hacía el cambio y la otra hacia el mantenimiento del "status-quo" o hacia la homeostasis del sistema.

 

Un ejemplo de esto es el de la pareja sin hijos que tiene un mecanismo insatisfactorio de solución de conflictos que consiste en que después del pleito sin haber resuelto su conflicto, pasan a un período de silencio y en el cual después de algún tiempo "olvidan" lo sucedido y regresan a su patrón habitual de interacción. Al nacer su hijo, este patrón no ha cambiado, pero ahora alguno de los dos empieza durante los períodos de silencio, a establecer una relación con el hijo de tal forma que lo involucra o triangula en el conflicto hasta que este empieza a presentar algún síntoma. Este síntoma requiere la modificación de la interacción del sistema para hacerlo más funcional en esta nueva etapa triádica que en su forma anterior podría funcionar con más o menos problemática, pero que ahora requiere de solución. Lo más probable es que si esta pareja no tenía mecanismo satisfactorio de comunicación y resolución de conflictos, intentan una y otra vez recurrir a su antiguo patrón de conducta sin resultados satisfactorios y que la sintomatología o insatisfacción se mantenga o vaya en aumento, manteniéndose un equilibrio precisamente sobre la base de esta insatisfacción a menos que la energía derivada de la crisis se incremente hasta lograr un nuevo arreglo más satisfactorio que puede incluir desde el rompimiento, la búsqueda de relaciones extra matrimoniales, búsqueda de consejo, ayuda terapéutica, etc.

 

Esto nos hace poder conceptualizar la crisis como transformaciones interrumpidas o abortadas, o en forma positiva como negociaciones infructuosas en derredor de un cambio en gestación y en el cual la redundancia sintomática es un puente entre los viejos e inútiles patrones y los nuevos e indeterminados aún.

 

El proceso de transición de una etapa a otra, no parece darse en forma continua, sin como indicamos se requiere de una cierta energía que pude ser llamada crisis para lograr esta transición. Este fenómeno es interesante no sólo como análisis lineal de las secuencias familiares, sino como metodología de cambio en las familias. Las familias que se encuentran "atoradas" en alguno de los estadios que requieren un cambio en su estructura y que por alguna razón no se ha logrado frecuentemente responden con asombrosa rapidez a intervenciones del tipo paradójico ampliamente descritas en la literatura familiar (Watzlawick y otros 1974, Haley 1966, Pallazzoli y otros 1978, Weeks y L’Abate 1982) entre otros.

 

En las familias funcionales, estos cambios se dan también en forma aparentemente repentina aunque en toda la etapa anterior hayan servido como preparación para la nueva, el cambio aparece como "de repente". El enamoramiento y la salida de cada del joven, el nacimiento de un hijo, etc., son ejemplos de cambios que se experimentan como repentinos aunque los individuos se hayan "preparado" para ellos.

 

Los estancamientos en una determinada etapa, pueden ser conceptualizados como elementos de protección en el sistema que de otra forma con sus presentes patrones de interacción se destruiría si se diera el cambio a la nueva etapa. Estos períodos de estancamiento o crisis de transformación usualmente le permiten al sistema familiar "reacomodar" sus interacciones para lograr la transición. Cuando esto no se da y se presenta una sintomatología, esta también puede ser conceptualizada como un mecanismo de adaptativo de búsqueda de ayuda fuera del sistema y la función de la terapia puede ser precisamente esa, la de reorganizar a la familia.

 

Hoffman (1981) sugiere que las familias frecuentemente utilizan lo que llama el simple vínculo para lograr la generación de energía de crisis y frustración para lograr el cambio.

 

En este, el recipiente de la comunicación (hijo) es colocado simultáneamente en una posición simétrica y complementaría por ejemplo: Quiero que vayas a la escuela porque te gusta aprender. Este tipo de paradoja a diferencia del doble vínculo, tiende a impulsar a la persona hacia su desarrollo aunque le cause un cierto malestar. Estos son frecuentemente utilizadas en la tradición Zen para romper el pensamiento lógico e inducir al aprendiz a utilizar un pensamiento diferente. El maestro Zen por ejemplo le dice al discípulo, aquí tengo un palo, si dices que es real te pegaré con él. Si dices que no es real te pegaré con él. Si no dices nada, te pegaré con él. Una respuesta puede ser la de quitarle el palo, o reírse del maestro. Lo importante es la búsqueda de la igualdad o simetría por parte del maestro, que no puede ser lograda con una orden o petición, sino que tiene que ser "pensada" por el propio discípulo, en la misma forma que la madre quiere que su hijo crezca, pero si lo impulsa a crecer, lo infantiliza. El hijo tiene que crecer y encontrar su camino por sí mismo.

 

Esta paradojas no se producen sin su dosis de frustración y quizás la más notable es en la etapa de al adolescencia en la que se esta gestando el cambio a la edad adulta que para ser funcional requiere que los hijos establezcan una relación simétrica con los padres. Este cambio puede darse "repentinamente" o después de una intensa lucha, pero es necesario que suceda "espontáneamente", ya que no puede ser promovido por los padres.

 

Si en cambio, cuando se da la relación simétrica, alguno de los padres en su comunicación le indican al adolescente que eso es malo, dependiendo de la intensidad de la relación, pueden darse las condiciones para un doble vínculo que resultaría en la detención del proceso de desarrollo. En las familias funcionales este proceso usualmente resulta en la unión de los padres en contra del hijo con la resultante de que facilita su salida del sistema.

 

A continuación se describen brevemente las etapas de la vida familiar usuales indicando algunos de los posibles problemas en la transición. Está descripción lineal de los eventos familiares es conocida como ciclo de la vida familiar.

 

 

El Joven Adulto

 

Podemos iniciar la descripción de este ciclo empezando por el joven adulto antes de formar la pareja. Este será descrito más ampliamente en la descripción de la familia desde el punto de vista psicoanalítico y a continuación daremos algunos de los elementos que se requieren para que éste logre separarse de su familia de origen y formar una pareja.

 

La evaluación del individuo en estas condiciones sin tomar en cuenta su contexto, sería sumamente parcial y limitada, sin embargo, utilizaremos un modelo teórico para describir sus características.

 

El joven adulto en condiciones de formar una pareja satisfactoria tiene que haber logrado superar una de las etapas del desarrollo individual más difíciles, la adolescencia, en la que tiene que cortar las ligas emocionales con sus padres de manera que pueda establecer una identidad individual independiente asimilando algunos de los valores éstos y rechazando otros. Esta identidad separada de su núcleo familiar le permitirá asumir su vida futura en forma responsable y relacionarse íntimamente con una persona ajena a su familia con sus características propias y no como compensación a carencias en su desarrollo.

 

Si se ha logrado una identidad separada satisfactoria, el joven adulto, podrá relacionarse con otro plenamente al mismo tiempo que mantiene sus propios intereses y logros. Por el contrario si se ha separado de su familia sólo parcialmente o en forma insatisfactoria dejando una dependencia emocional mutua, tenderá a limitar su contacto emocional con los otros o como polaridad, a entregarse a relaciones intensas en las que pierde el sentido de su "yo" y deja a un lado interese personales con la consiguiente insatisfacción. Las selecciones de pareja de un joven dependiente emocionalmente usualmente son semejantes a los deseos y características de sus padres, u opuestos a ellos pero en ningún caso independientes. (Meyer 1980 pág. 74)

 

De las parejas jóvenes que acuden a orientación, ésta quizás es la causa única más importante a tratar en su relación. Aunque es indiscutible que los problemas se manifiestan y pueden ser resueltos como sistémicos y de comunicación, casi desde un inicio de la relación, los temas y gran parte de la problemática se refiere a interferencias reales o simbólicas de las familias de origen mutuas. El establecimiento de límites claros en la pareja usualmente involucra una cierta medida de trabajo de diferenciación individual que no sólo ayuda a este desarrollo individual sino que cimenta patrones interaccionales más satisfactorios en la relación de la pareja.

 

 

La pareja en Formación y Matrimonio.

 

La formación de la pareja es una de las transiciones más complejas y difícil, del ciclo de vida familiar. Esta es usualmente vista, sin embargo, por las personas como una transición al gozo y al placer sin tomar en cuenta ninguna de sus dificultades. Este evento es visto por muchas personas como una meta más que como un proceso y una meta en la que se llega a la felicidad eterna. Este punto de vista contribuye a que las dificultades normales de adaptación a una situación tan diferente no sean vistas como tales, sino como algo malo en la relación y produciéndose un círculo vicioso que las incrementa. El matrimonio requiere de una continua renegociación de aspectos personales e interpersonales que cada uno de los miembros de la familia tenía definidos para sí mismo en forma diferente. Estos aspectos incluyen desde el dinero hasta las tradiciones familiares, religiosas, amistades hasta las minucias de la cotidianeidad.

 

Para Glick y Kessler, la etapa de formación de la pareja requiere de la resolución de tres tareas fundamentales. 1) Preparación personal para asumir el rol de esposo o esposa; 2) Separarse o cuando menos modificar la liga con relaciones cercanas que interfieren con el compromiso requerido para la formación de la pareja y 3) Acomodo a los patrones de gratificación e interacción marital. Estos a su vez llevan a la pareja a desarrollar satisfactoriamente las siguientes tareas necesarias para la formación de la pareja.

 

  1. Identidad como pareja.
  2.  

  3. Ajuste sexual.
  4.  

  5. Sistema de comunicación.
  6.  

  7. Patrón de relaciones con familiares.
  8.  

  9. Patrón de relaciones con amistades.
  10.  

  11. Patrón de trabajo y diversiones.
  12.  

  13. Patrón de toma de decisiones.
  14.  

 

Algunos de los problemas en esta etapa de formación además de los indicados por expectativas falsas y motos acerca de la relación matrimonial, incluyen la búsqueda de cercanía o fusión con el otro como compensación a carencias personales que no son detectadas durante el período de cortejo o noviazgo en el que este tipo de individuos literalmente está ciego a la realidad del otro (y usualmente la suya) y no es sin hasta la convivencia inicial que surgen las verdaderas necesidades que el otro no puede satisfacer y que las personas se dan cuenta era solamente una ilusión y se sienten mutuamente defraudadas cuando no se cumplen sus expectativas.

 

La intrusión de las familias de origen dentro de esta etapa del matrimonio es otra de las manifestaciones de una relación no satisfactoria.

 

McGoldvick analiza tres tipos de patrones disfuncionales con relación a la familia origen. En los casos de una familia amalgamada con límites poco claros, la separación es sólo posible a través del matrimonio. Estos límites, sin embargo, no desaparecen por este hecho y la pareja recién formada es integrada a esta familia nuclear persistiendo la confusión y poca claridad de los límites. Esto además puede causar conflicto por las distintas necesidades del otro cónyuge que puede tener necesidades semejantes pero con su familia de origen, o por compensación busca una pareja con estas características de cercanía y falta de límites pero que al convivir con ella se vuelve intolerable la experiencia. El segundo patrón es el de un corte radical con las familias de origen el cual por sus características de rebeldía tiende a causar resentimiento y culpa, aunque si logran ser resueltos cuando menos se establece un patrón para su manejo. El tercer patrón es desde luego el e una independencia manteniéndose lazos afectivos a través de los cuales la familia puede servir de estructura de apoyo cuando se le solicita.

 

El problema central de opción de un estilo de separación u otro, estriba en la función de los hijos en su familia de origen en cuento estos han sido parte de una interacción que tiende a preservar la unión de su familia lo cual en términos de algunos autores como (Stanton 1980, Tomas 1976) y McGoldvick (Op. Cita pág. 106) es parte de aproximadamente un 80% de los fracasos matrimoniales y una buena estimación del tipo y expectativa de relación de la pareja joven puede obtenerse de las relaciones que tenían con sus familias de origen.

 

Los problemas presentados por las parejas jóvenes usualmente incluyen este tipo de transferencia emocional y aunque se presentan como problemas de relación, pueden ser vistos como problemas de expectativas no satisfechas basadas en su pasado familiar y cultural.

 

Zapata y Stump, citan trece factores que dificultan el ajuste matrimonial basados en investigaciones sociológicas sobre le divorcio que apoyan sus conclusiones.

 

  1. Si la pareja se conoce o casa poco tiempo después de una pérdida significativa.
  2.  

     

  3. El deseo de alejarse de la familia de origen es un factor significante en la decisión del matrimonio.
  4.  

     

  5. Los antecedentes de cada cónyuge son significativamente diferentes (religión, educación, clase social, factores étnicos, edades, etc.)
  6.  

     

  7. La pareja tiene constelaciones filiales incompatibles.
  8.  

    Ej. Muchos hermanos vs. Hijo único.

     

  9. La pareja reside o muy cercana o muy distante de las familias de origen.
  10.  

     

  11. La pareja es dependiente económica, física o emocionalmente de cualesquiera de las dos familias.
  12.  

     

  13. La pareja se casa antes de cumplir los veinte años o después de los treinta.
  14.  

     

  15. La boda ocurre antes de un período de noviazgo de seis meses o después de tres años.
  16.  

     

  17. La boda ocurre sin familiares ni amigos presentes.
  18.  

     

  19. La esposa embarazada antes o durante el primer año de matrimonio.
  20.  

     

  21. Cualesquiera de los cónyuges considera la adolescencia como una época infeliz.
  22.  

     

  23. Cualesquiera de los cónyuges tiene mala relación con sus padres o hermanos.
  24.  

     

  25. Los patrones matrimoniales de la familia fueron inestables. (Op. Cita pág. 73)
  26.  

 

Cuando las parejas solicitan orientación en estas primeras etapas de su matrimonio, la hipótesis inicial del orientador debe incluir las siguientes probabilidades además de la fundamental que es la de límites inadecuados con las familias de origen: el síndrome de utopía o mitos descritos ampliamente por Lederer y Jackson (1968), o una triangulación que estabiliza la relación inapropiadamente por una sobre involucración con el trabajo, alcohol, amistades, etc.

 

 

La familia con hijos pequeños.

 

En esta etapa, hay una modificación substancial de los roles y las tareas a desarrollar con su pareja. Ahora forma n nuevo subsistema parental y parte de sus funciones consiste en le establecimiento de una relación con sus hijos sin perder su relación de pareja. El síndrome de la familia centrada en los hijos ha sido ampliamente descrito por Barragán (1976) y funciona como una triangulación para evitar los conflictos de la pareja. Es un período en el que alguno de los miembros de la pareja puede establecer coaliciones que incrementan su poder. El establecimiento de límites generacionales se vuelve fundamental.

 

La decisión de tener hijos y la motivación para la misma es crucial en la pareja. Algunas parejas en proceso de separación toman esta decisión como elemento de salvación para la relación con la expectativa de que los hijos sirvan para "cimentar la relación", esto efectivamente sucede ocasionalmente a costa de serias disfuncionalidades en los hijos que llenan este papel.

 

En el caso ideal, la pareja decide tener hijos no para llenar un hueco en la relación sino para satisfacer necesidades paternales, estando sus necesidades afectivas como pareja resueltas satisfactoriamente y al mismo tiempo, habiendo suficiente espacio emocional para ser llenados por éstos. . (Brandt 1980)

 

El hecho de embarazarse y tener un hijo, puede influenciar las prácticas sexuales de la pareja en forma negativa, sea por la deformación física que ya no satisface sus imágenes ideales sexuales, o por la modificación de imagen de compañera a figura materna que puede revivir connotaciones negativas en alguno de los cónyuges.

 

Al nacimiento del hijo, además de los problemas de sobreinvolucración indicados, la pareja tiene que adaptarse a una realidad diferente de falta de privacía temporal y de necesidades de un tercero que tiene que ser asimilado al sistema sin interferir substancialmente en ellos como pareja en su intimidad.

 

El nacimiento de otros hijos, en esta temprana relación de pareja produce tensiones adicionales que tienen que ser incorporadas en la relación. No sólo hay un aspecto económico y de espacio real y emocional que considerar, sino la interacción se multiplica geométricamente. Empieza a haber conflictos entre el subsistema filial así como posibilidades de alianzas y coaliciones múltiples que por una parte enriquecen a la familia y por otra parte pueden ser fuentes de tensiones y rivalidades. El nacimiento de cada hijo implica un reajuste jerárquico en el sistema, así como de funciones adicionales para todos. Un hijo con ciertos privilegios de relación con los adultos no siempre aprecia la llegada de un competidor.

 

Los hijos en estas edades principian también a través de sus contactos escolares y de juego a involucrar a otros extraños en el núcleo familiar lo cual abre el sistema a distintos modelos de interacción.

 

 

La Familia con Adolescentes.

 

En esta etapa crítica del desarrollo familiar, la estabilidad del sistema se pone a prueba, ya que una de las características de los adolescentes es el reto a los valores establecidos de sus padres y de la sociedad en general. Ackerman (1980) los describe como la oposición real que puede ser fuertemente crítica, brutal pero raramente aburrida.

 

El adolescente en su etapa de transición a momentos confronta como adulto exigiendo libertad y responsabilidad y a momentos retorna a un estado infantil que desconcierta a los padres más sofisticados.

 

La presencia de los adolescentes implica un mayor intercambio de información del sistema con el medio externo. Si este proceso que se inició con la infancia ha sido satisfactoriamente incorporado al sistema, es decir este es lo suficientemente flexible para integrar experiencias externas; el proceso de incremento en la adolescencia podrá también ser superado. En los casos de estructuras rígidas, la adolescencia puede hacer aparecer una sintomatología que antes no era evidente aunque el sistema de ser analizado hubiese sido considerado disfuncional. Los hijos hasta ahora más o menos controlables por los padres, pueden empezar a estar fuera control o presentar problemas de ajuste con sus compañeros y en sus interacciones sociales. Los padres se sienten en estos casos como fracasados especialmente cuando una de sus metas fundamentales era la de lograr que sus hijos tuvieran tales o cuales características y en esta etapa empiezan a ser evidente que sus expectativas no están siendo cumplidas. Esta etapa implica un alejamiento emocional del hijo como preparativo para la siguiente etapa de desarrollo de los hijos en camino a sus vidas independientes.

 

La etapa de adolescencia en las familias por otra parte, brinda una oportunidad de enriquecimiento de experiencias y cuando hay un grado satisfactorio de comunicación en la pareja, ésta puede ser un gran apoyo para el proceso de cambio en el joven que empieza a establecerse como persona independiente y a pensar en un futuro por sí mismo. Los padres con hijos en estas etapas sufren un proceso semejante en el que empiezan a concebirse en forma distinta ahora que sus funciones parentales empiezan a disminuir y requieren de actividades o intereses que las substituyan.

 

 

Salida de los hijos del hogar.

 

Aunque esta etapa tiene un gran rango de edades y es sumamente variable dependiendo de la clase social y cultural a que pertenece la familia, es común a todos y como en las etapas anteriores puede ser fuente de problemas o de enriquecimiento de experiencias familiar e individual.

 

Con la disminución en el número de hijos y con el incremento en la longevidad, esta etapa llamada por McIveren 1937 (McCullough 1980) "nido vacío" se ha incrementado continuamente.

 

Como Haley (1980), el hecho de la salida del hogar, no siempre significa un desprendimiento del núcleo familiar. En algunos casos este es sólo el principio de una serie de involucraciones disfuncionales.

 

Para él, esta etapa como cualquiera otra en la que un miembro entra o sale del sistema, es el momento de mayor cambio en él mismo. Una forma de estabilizar el sistema en forma disfuncional además de incapacitarse físicamente, el joven adulto puede verse involucrado en problemas con autoridades que requieren de la intervención continua de la familia o de vivir una vida de "fracaso" en la que frecuentemente es conceptualizada por el sistema con la razón principal para seguir juntos. (Op. Cita pág. 32)

 

Este autor describe el ciclo típico de una familia disfuncional. Cuando el joven adulto llega a la edad de abandonar el hogar, empieza a tener ciertos logros en la escuela o en el trabajo y a establecer relaciones significativas fuera de la casa. En ese momento, la familia se desestabiliza y el joven empieza a manifestar conductas extrañas y problemáticas. Todos los miembros comienzan a reaccionar en forma atípica, especialmente los padres, que incrementando su división en numerosos aspectos, pierden el control sobre el hijo siendo él, el que asume el control. Si los padres logran reagruparse e intentar tomar el control, no es infrecuente que el hijo se alíe con algún miembro de la familia extendida, especialmente abuelos u otros parientes jerárquicos. Al darse esta maniobra, los padres pierden el control y la conducta del hijo se vuelve aún más desviada, involucrando ahora autoridades policiales, escolares o médicas. En nuestra cultura típicamente estas autoridades -continúa Haley-, intentan rescatar al joven de la familia aumentando el problema. La familia puede estabilizarse temporalmente mientras el joven está bajo control de alguna agencia pero típicamente al ser dejado en libertad éste vuelve a sus conductas desviadas que incluyen la conflictiva familiar.

 

En las familias funcionales, esta desestabilización es asimilada por otros intereses y actividades que pueden incluir relaciones con los cónyuges de los hijos que abandonan el hogar, aunque es importante notar que el matrimonio sólo es uno de tantos motivos y posibilidades de abandono.

 

Los cambios necesarios en la pareja para asimilar esta etapa son fundamentales ya que éstos facilitan o dificultan la salida de los hijos en la medida que sean satisfactoriamente logrados o no. Fundamentalmente éstos involucran una inversión de la energía de las funciones parentales en su propia relación como pareja o en su desarrollo individual que les permite dedicarse a actividades que usualmente han quedado postergadas por las obligaciones de la paternidad.

 

 

La Familia en los últimos años de Vida de la Pareja.

 

En esta etapa se le presenta a la pareja un nuevo reto adaptativo que puede estar lleno de tensiones debidas a cambios en el estilo de vida por imposibilidades físicas, laborales, enfermedades, viudez, etc. En esta frase puede presentarse una baja en la autoestima especialmente en el hombre que deja de trabajar. Frecuentemente las funciones parentales se vuelcan sobre sí mismas encontrando satisfacción y apoyo en ellas.

 

El enfrentamiento a la muerte del otro y la propia es un tema importante que frecuentemente es evitado aunque permea las comunicaciones de las personas en esta etapa. El manejo de la vejez tiene connotaciones culturales importantes y que debido al ritmo de cambio y avance tecnológico, éstos han quedado relegados a un papel periférico en nuestra cultura tecnocrática, cosa que no sucedía en le pasado, en el que los ancianos no sólo eran vistos con admiración y respeto, sino que gran parte de las actividades sociales, culturales y religiosas se centraba en ellos. En la actualidad hay una tendencia hacia un retorno a un mayor equilibrio entre la libertad y empuje de la juventud y una valoración de la vejez.

 

Como indicamos, cualesquiera de las etapas anteriores produce una crisis en le sistema familiar que en el caso de ser funcional, esta promueve al sistema a la siguiente etapa, mientras que en el caso de sistemas disfuncionales éstos se estabilizan en ella a base de una disfuncionalidad o sintomatología que en ocasiones puede ser superada por el propio sistema y sus contactos habituales externos, pero en otras requiere de una reestructuración del mismo con asistencia de especialistas.

 

Además de los ciclos familiares esperados, las familias se ven sometidas a períodos de crisis inesperados y que dependiendo de sus características de funcionalidad anterior podrán ser asimilados más o menos satisfactoriamente. Estas crisis incluyen pérdida de algún miembro por muerte prematura, reveses económicos, embarazo prematuro o violación de algún miembro, enfermedades incapacitantes o nacimiento de un hijo con problemas orgánicos, guerras, etc. Un elemento en común producido en las etapas esperadas e inesperadas es la generación de angustia y de su forma de manejo que facilita o dificulta la superación de la crisis.